Este videoclip de Aterciopelados propone un viaje visual a la estética de los años noventa, dialogando directamente con el imaginario cultural de la época y con el universo narrativo de la serie Ruido Capital. La pieza funciona como un cruce entre música, memoria generacional y ficción audiovisual, donde el vestuario se convierte en un eje fundamental de conexión.
Vestuario, identidad y archivo vivo de los 90
El diseño de vestuario del videoclip parte de una premisa muy clara: respetar y amplificar la identidad de Andrea. Andrea Echeverri es un icono cultural cuya imagen siempre ha estado ligada a prendas diseñadas por ella misma o por personas de su círculo cercano. El estilismo se construyó a partir de ese archivo vivo, entendiendo la ropa como una extensión directa de su discurso artístico y personal.
Lejos de imponer una estética externa, el trabajo consistió en escuchar y ordenar: combinar prendas existentes, piezas con historia y diseños con fuerte carga simbólica, respetando la autenticidad de Andrea y su forma de habitar el escenario. El vestuario no disfraza ni recrea, continúa una identidad que ya existe.
Vestuario como puente narrativo con Ruido Capital
Uno de los objetivos principales del proyecto fue crear una conexión visual y emocional con Ruido Capital. El videoclip debía dialogar con la serie desde un lugar orgánico, construyendo un look noventero que acompañara a los protagonistas y reforzara el imaginario compartido.
El vestuario actúa aquí como un puente entre la música y la ficción: una estética reconocible, viva y contextual, que no cita los años noventa desde la nostalgia, sino desde su energía creativa, su espíritu alternativo y su carga cultural. La ropa acompaña a los personajes sin eclipsarlos, integrándose en el relato como una capa más de sentido.
Vestuario, música y memoria generacional
En este videoclip, el vestuario cumple una función de archivo emocional. Cada prenda habla de una época, pero también de una actitud: libertad creativa, identidad propia, resistencia a lo normativo. La ropa se mueve entre lo personal y lo colectivo, entre la historia de Andrea y la de una generación.
El resultado es una propuesta visual coherente y honesta, donde el vestuario no ilustra la música, sino que la habita, reforzando el vínculo entre sonido, imagen y memoria cultural.

